sábado, 1 de octubre de 2011

¿Por qué está tan sola la Luna?

Cuenta la leyenda que tuvo un amante con quien compartía hermosas noches. Se llamaba Quecuatsu y vivían en el mundo de los espíritus. Cada noche recorrían el cielo los dos juntos.

Pero, uno de los otros espíritus tuvo celos y quería a la luna para él sólo. Así que dijo a Quecuatsu que la luna había pedido flores, le dijo que bajara a nuestro mundo a cogerle rosas silvestres.

Quecuatsu para complacerla lo hizo encantado, pero no sabía que al abandonar el mundo de los espíritus ya no se puede volver. Desde entonces, cada noche mira hacia el cielo y ve allí la luna y aúlla su nombre, porque sabe que no podrá volver a tocarla nunca más.

martes, 26 de julio de 2011

Bajo la lluvia te espero

Bajo la lluvia te espero,
a que vuelvas a mi lado
Bajo la lluvia te espero,
triste y desconcertado
Bajo la lluvia te espero,
por ese beso enamorado
Bajo la lluvia te espero,
con mi corazón desolado
Bajo la lluvia te espero,
por tus ojos deslumbrado
Bajo la lluvia te espero,
temiéndome rechazado
Bajo la lluvia te espero,
a que vuelvas a mi lado

En la oscuridad

En la oscuridad
mi luz
Mi centro
en la inmensidad
En la soledad
mi apoyo
Mi calma
en la tempestad

domingo, 17 de julio de 2011

Obituario

18 de julio de 2010

J. Santamaría, el destacado analista del LCE, murió a noche a causa de las complicaciones surgidas al perder a su alma gemela y a su prometida. Tenía 25 años. De voz suave y obsesivo, Santamaría nunca tuvo el aspecto de un romántico, pero durante los últimos días de su vida desveló una parte desconocida de su mente. Esa persona oculta, casi junguiana, emergió durante la búsqueda -en plan Ágata Christie- de su ansiada alma gemela. Una mujer con la que sólo pasó unas pocas horas preciosas. Tristemente la prolongada investigación terminó la noche del sábado en un completo y absoluto fracaso. Pero a pesar de la amarga derrota, el valiente Santamaría seguía aferrado a la creencia de que la vida no es meramente una serie de accidentes o coincidencias sin sentido, sino mas bien un tapíz de acontecimientos que culminan con un plan exquisito y sublime. Cuando le preguntaron sobre la perdida de su amigo, Roberto Quevedo, ganador de un Premio Turing y director ejecutivo de Midnigth-shirt, describió a Jesús como a “un hombre nuevo” los últimos días de su vida -veía las cosas más claras- observó Quevedo. Al final Jesús concluyó que para poder vivir en armonía con el universo todos nosotros deberíamos poseer una poderosa fe en lo que los antiguos llamaban fatum, lo que comúnmente calificamos como destino.