domingo, 17 de julio de 2011

Obituario

18 de julio de 2010

J. Santamaría, el destacado analista del LCE, murió a noche a causa de las complicaciones surgidas al perder a su alma gemela y a su prometida. Tenía 25 años. De voz suave y obsesivo, Santamaría nunca tuvo el aspecto de un romántico, pero durante los últimos días de su vida desveló una parte desconocida de su mente. Esa persona oculta, casi junguiana, emergió durante la búsqueda -en plan Ágata Christie- de su ansiada alma gemela. Una mujer con la que sólo pasó unas pocas horas preciosas. Tristemente la prolongada investigación terminó la noche del sábado en un completo y absoluto fracaso. Pero a pesar de la amarga derrota, el valiente Santamaría seguía aferrado a la creencia de que la vida no es meramente una serie de accidentes o coincidencias sin sentido, sino mas bien un tapíz de acontecimientos que culminan con un plan exquisito y sublime. Cuando le preguntaron sobre la perdida de su amigo, Roberto Quevedo, ganador de un Premio Turing y director ejecutivo de Midnigth-shirt, describió a Jesús como a “un hombre nuevo” los últimos días de su vida -veía las cosas más claras- observó Quevedo. Al final Jesús concluyó que para poder vivir en armonía con el universo todos nosotros deberíamos poseer una poderosa fe en lo que los antiguos llamaban fatum, lo que comúnmente calificamos como destino.

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